Si hay algo que pueda hacer la naturaleza para demostrarnos lo insignificantes que somos entre nuestras murallas de hormigón y ladrillo, sin duda puede ser una gran tormenta como la que cayó ayer sobre Madrid.
Yo disfruto viendo estos espectáculos. Me despiertan sentimientos de humildad y respeto hacia la madre de todos, de la cual nos olvidamos tan a menudo los que vivimos rodeados de cemento.
Siempre que me sorprende una tormenta, intento atrapar algún rayito con mi lente para congelar ese instante mágico…






















